sábado, 23 de julio de 2011

GUSTAVE FLAUBERT: "Memorias de un loco" o de sus primeros firmes pasos hacia la madurez.



Tan sólo tenía 17 años cuando, en 1838, el adolescente Gustave dio finalizado este relato autobiográfico y ya se ven en él trazos maduros, donde no se dejan ver tanteos, vacilaciones, pasos en falso, y si bien aún, quizás, no tiene un estilo definido, posee lo que una prosa deben tener: la facilidad para ser leída en tanto fluidez del relato.Este jovencísimo Flaubert deja sus estudios de Derecho, debido a la fragilidad de sus salud, y se consagra a la literatura. Décadas más tarde se convertiría en un clásico entre los clásicos. Su título consagratorio fue "Madame Bovary", seguido por "La educación sentimental" y de "La tentación de San Antonio", pieza teatral que gustó mucho a J.L. Borges y que le llevó a decir, tan proclive... a magnificar algunas obras y autores, que "... fue el primer Adán de una especie nueva: la de un hombre de letras como sacerdote, como asceta y casi como mártir" (en el prólogo de Antonio Oviedo). Menciono aquí dos novelas, sin restarle importancia dentro del corpus de su obra, "Salambó", riquísima en detalles y descripciones en los tiempos de los faraones, y "Bouvard y Pécuchet", relato de los frustrados intentos de ambos en la educación de un niño.
Les dejo aquí un capítulo de estas Memorias del primer Flaubert, ése que llegó a ser un imprescindible para quienes amamos los clásicos. Un imprescindible para los que hemos sufrido con la campesina Ema, la sedienta Ema, la que insistiría en dar un poco de aire a su rutinaria vida -al lado del rústico médico Charles Bovary- por medio de la lecturas de diversas novelas: insistencia libresca que nos regaló un feliz término: el bovarismo.

MEMORIAS DE UN LOCO. XVIII

"Si tuve algún momento de entusiasmo, se lo debo al arte. Y, sin embargo, ¡qué vanidad, el arte! Querer pintar al hombre en un bloque de piedra, o el alma en unas palabras, los sentimientos mediante sonidos, y la naturaleza sobre una tela barnizada...
No sé qué poder mágico posee la música; soñé durante semanas enteras con el ritmo acompasado de una tonada o con los extensos contornos de un coro majestuoso; hay sonidos que ingresan en mi alma y voces que me regocijan.
Me gustaba la orquesta que rugía con raudales de armonía, sus vibraciones sonoras y ese extraordinario vigor que parece tener músculos y que muere en la punta del arco. Mi alma seguía la melodía, desplegaba sus alas hacia el infinito, ascendía en espiral, pura y lenta, como un perfume hacia el cielo.
Me gustaba el ruidom los diamantes que brillan bajo las luces, todas esas manos de mujer, enguantadas, que sostenían flores y aplaudían; miraba el ballet que daba saltitos, los vestidos rosas ondulantes, escuchaba los pasos caer al compás, miraba las rodillas desprenderse blandamente y las cinturas inclinarse.
En otras ocasiones, absorto en las obras del genio, cautivado por los lazos con que, en aquellos momentos, nos encadena al murmullo de todas esa voces, a la exclamación halagadora, a ese zumbido lleno de encantos, ambicionaba el destino de esos hombres fuertes que manipulan a la multitid como si fuera plomo, que la hacen llorar, gemir, arder de entusiasmo. ¡Cuán vasto debe ser el corazón de aquellos que dejan al mundo entrar en él, y cuán defectuoso es todo en mi naturaleza! Convencido de mi impotencia y de mi esterilidad, comencé a sentir un odio envidioso; me decía a mí mismo que todo eso no era nada, que el azar, nada más, había dictado esa palabras. Echaba barro sobre las cosas más elevada que yo envidiaba.
Me había burlado de Dios; bien podía reírme de los hombres.
Sin embargo, ese humor sombrío sólo era pasajero, y sentía un verdadero placer al contemplar el genio que resplandece en el fuego del arte como una larga flor que abre una roseta de perfume al sol del verano.
¡El arte! ¡El arte! ¡Qué bello es a pesar de su vanidad!
Si hay sobre la tierra una creencia que adoramos, si existe algo santo, puro, sublime, algo que tienda a ese inmoderado deseo de lo infinito y de lo vago que llamamos alma, eso es el arte.
¡Y qué pequeñez! Una piedra, una palabra, un sonido, la disposición de todo lo que llamamos lo sublime.
Desearía algo que no necesitara expresión ni forma alguna, algo puro como un perfume, fuerte como la piedra, inasible como un canto, que fuera a la vez todo eso y ninguna de esas cosas.
Todo en la naturaleza me parece limitado, mezquino, fallido.
El hombre, con todo su genio y todo su arte, no es más que un miserable imitador de algo más elevado.
Desearía lo bello en lo infinito, pero sólo hallo en él la duda".



NOTA: Tomado de, MEMORIAS DE UN LOCO, de GUSTAVE FLAUBERT.
Libros del Zorzal. Buenos Aires, 2004.

sábado, 16 de julio de 2011

Alfonsina, Sylvia, Alejandra: "al cielo por el camino más arduo".



ALFONSINA STORNI, SYLVIA PLATH, ALEJANDRA PIZARNIK.

Tres mujeres. Tres poetisas. Tres, que hicieron de las Palabra su República. Vasto territorio que permite a sus hijos habitarla con su propios decires, con sus modos de apropiarse de la Palabra, las palabras. Tres mujeres, tres poetisas, que las hicieron suyas para decir/se en poemas --de los otros, y para otros-- y para relatarse, aunque siempre en forma elíptica e incompleta --en los poemas que escribieron desde las provincias/parcelas del alma que, en sus sufrimientos y vértigos, se mantienen intocadas. Alfonsina, Sylvia, y Alejandra hicieron de la Poesía su modo de nombrar Mundo: hacerlo desde y con la Palabra. La que no pudieron nunca hacerla praxis afectiva, contendora, y dadora de sentido, sostenida en el tiempo. De ahí... que, finalmente, dijeron sus palabras y se quitaron a la vida, a la Poesía, y se retiraron de este mundo por propia voluntad. Y lo hicieron cuando aún les quedaba mucho por vivir y por escribir: por cultivar/se en el Don poético, en su "horizonte poeticizado" (expresión mía y que tomo de un viejo poema que me pertenece). Al morir Alfonsina tenía 46 años, Sylvia 31 y, Alejandra, 36. ¿Qué las llevó a tomar la extrema decisión de quitarse la vida? Sólo en sus poemas podemos intentar rastrear algunas huellas de difusos senderos... Cada una de ellas vivió su circunstancia y cada una dimensionó las distintas experiencias (soledad, desamor, ausencia, etc.) como pudo. Aquí tres poemas para rescatarlas, abrazarlas, y volverlas a sentir y pensar en sus palabras.

ALFONSINA STORNI (1892-1938).

LA INÚTIL PRIMAVERA (De "Antología poética". Editorial Losada, 1968).

Veintiocho veces van que yo la veo
Trabajando capullos del rosal:
Llegó cumpliendo ardiente mi deseo,
Cuando la tuve todo ha sido igual.

Preparé un himno y se murió en gorjeo,
Me eché a ser río y terminé canal.
--En otra primavera... Devaneo.
Ya está de nuevo y sigo con mi mal.

Veintiocho veces van. De diez ya guardo
Memoria triste de aquel paso tardo
Con que los días del invierno van

Hollando el alma para hacerla casa.
Veintiocho veces van que inútil pasa.
¿Cuántas por verla aún me faltarán?


SYLVIA PLATH (1932-1963).

TEMORES (De "Árboles de Invierno", 1971).

Esta pared blanca
sobre la que el cielo hácese a sí mismo:
infinita, verdad, intocablemente intocable.
Los ángeles se bañan en ellas,
y las estrellas igualmente, en indiferencia también.
Mi medio son.
El sol se disuelve contra esa pared, desangrándose en sus luces.

Gris es la pared ahora, desgarrada y sangrienta.
¿Cómo salir de la mente?
Los pasos a mi saga concéntranse en un pozo.
Este mundo carece de árboles y de pájaros,
sólo hay agrura en él.

La pared roja no hace más que sobresaltarse:
un puño rojo se abre y se cierra,
dos papelosas bolsas grises:
he aquí mi materia, bueno: y terror también
a que llévenme entre cruces y una lluvia de lástimas.

Irreconocibles pájaros en una pared negra:
torciendo el cuello.
¡Esos sí que hablan de inmortalidad!
dos frías balas se nos aproximan:
con mucha prisa vienen.


ALEJANDRA PIZARNIK (1936-1972).

CASA DE LA MENTE (De "Poesía Completa". Editorial Lumen, 2010).

la casa mental
reconstruida letra por letra
palabra por palabra
en mi doble figura de papel

atraviesa el mar de tinta
para dar una nueva forma
a un nuevo sentimiento

abre la boca
verde de sin raíces
la palabra sin su cuerpo

un nuevo orden musical
de colores de cuerpos de excedentes
de formas pequeñas
que se mueven gritan dicen nunca
la noche dice nunca
la noche me pronuncia
en un poema



NOTA: La obra, "El hombre ante el infinito" (1950) que ilustra esta nota pertenece a Rufino Tamayo (Oaxaca, México, 1899-1991).

viernes, 8 de julio de 2011

BERTOLT BRECHT. Tres poemas, (para preguntar e inquietar al ciudadano).



BERTOLT BRECHT no necesita presentación; pero vale consignar que lo conocemos en tanto dramaturo y director teatral, pero no en su faz poética, género que practicó y encaró... como un modo más de hablar de aquello que quería hablar: el ciudadano, en tanto "moldeado" por su tiempo y al que no siempre desafía... Sus poemas son la continuidad de su dramaturgia en la que desarrolla la pasividad o, dicho en otras palabras, de la blanda y porosa receptividad, ¡tantas veces acrítica!, que permite que otros decidan por las multitudes, pero también por el hombre, el ciudadano, que forma parte de aquellas, (La irresistible ascensión de Arturo Ui y Ópera de dos centavos, son un claro ejemplo de ésto). Así también sus poemas están esculpidos "al milímetro"... Poemas pensados para preguntar, cuestionar, poner en duda lugares creídos estables hasta el momento. Arriesgo aquí que una permanente tensión recorre su poesía: entre el ser y el parecer, entre lo que está y el cómo debe ser de lo que está, entre la comodidad (pasividad) y las buenas voluntades (sólo enunciadas). Cito a Roland Barthes, "En el fondo, la grandeza de Brecht, y también su soledad, consiste en que inventa sin cesar el marxismo. El tema ideológico, en Brecht, podría definirse con gran exactitud como una dinámica de hechos que mezcla la constatación y la explicación, la ética y la política: de acuerdo con la enseñanza profunda del marxismo, cada tema es a un tiempo expresión y deseo de los hombres y de las cosas, es a un tiempo cuestionador (porque desenmascara) y reconciliador (porque explica)".
Comparto aquí tres de sus poemas.


CONTRA LA SEDUCCIÓN

No se dejen seducir,
que después no habrá retorno.
El gran día se avecina,
el viento trae la noticia:
ya no habrá otro amanecer.

No se dejen engañar
que la vida no es poca cosa.
Bebanla a grandes tragos:
que no quedarán hartos
cuando la tengan que dejar.

¡No se dejen confromar!
El tiempo no les va a sobrar.
¡Qué se pudran los redimidos!
Vivir aquí es decisivo:
Nadie dispone de más.

¡No se dejen seducir!
No admitan la explotación.
¿Qué miedo los va a conmover?
Morirán como las bestias.
¡Y después no hay nada más!


NUESTRAS DERROTAS NO DEMUESTRAN NADA

Cuando los que luchan contra la injusticia
muestran sus caras ensangrentadas,
la incomodidad de los que están a salvo
es grande.

¿Por qué se quejan ustedes?, les preguntan.
¿No han combatido la injusticia? Ahora
ella los derrotó.
No protesten.

El que lucha debe saber perder.
El que busca pelea se expone al peligro.
El que enseña la violencia
no debe culpar a la violencia.

Ay, amigos.
Ustedes que están asegurados,
¿por qué tanta hostilidad?
¿Acaso somos vuestros enemigos
los que somos enemigos de la injusticia?
Cuando los que luchan contra la injusticia
están vencidos,
no por eso tiene razón la injusticia.

Nuestras derrotas lo único que demuestran
es que somos pocos
los que luchamos contra la infamia.
Y de los espectadores, esperamos
que al menos se sientan avergonzados.


ELOGIO DEL ESTUDIO

Aprende lo más simple.
¡Nunca es tarde para aquellos
cuyo tiempo ha llegado!
Aprende el alfabeto. No alcanza
¡pero apréndelo! No te desanimes.
¡Empieza ya! ¿Debes saberlo todo!
Prepárate para gobernar.

Aprende, marginado, hombre del campo,
aprende, ocupante de la cárcel,
aprende mujer atada a la cocina,
aprende, sexagenaria!
Prepárate para gobernar.
Ven a la escuela, hombre sin techo.
El saber es para ti que tienes frío.
Hambriento: toma con fuerza el libro: es un arma.
Prepárate para gobernar.

¡No temas preguntar las cosas, camarada!
No te dejes influenciar,
averigua tú mismo.
Lo que no sabes por cuenta propia
no lo sabes.
Revisa la cuenta.
Eres tú el que la paga.
Pon el dedo sobre cada cifra.
Pregunta: ¿Cómo llegó hasta aquí?
Prepárate para gobernar.



NOTA. Tomado de "80 poemas y canciones", de Bertolt Brecht.
Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, 2004.

sábado, 2 de julio de 2011

ANTONIO PORCHIA. Voces. "Un corazón grande se llena con muy poco". Aforismos... ¿Aforismos? Preciosismos!!!



ANTONIO PORCHIA (1886-1968), nació en Italia pero siendo muy chico y hasta su muerte vivió en la Argentina. Y en todas las antologías --en Europa y en los Estados Unidos-- que lo incluyeron se lo reconoce así, como argentino.
Su talento para el arte breve de los aforismos le valió el reconocimiento en distintas partes del mundo y su obra ha tenido diversas traducciones.
Escribió aforismos, yo prefiero llamarlos, ¡Preciosismos!
Aquí están --ubicadas sin ningún orden ni criterio alguno-- unas pocas de sus numerosas Voces:¡Para oírlas sin la "lógica" de la Razón!

VOCES

Cuando todo está hecho, las mañanas son tristes.

Quien se queda mucho consigo mismo, se envilece.

Iría al Paraíso, pero con mi infierno; solo, no.

Más llanto que llorar es ver llorar.

El árbol está solo, la nube está sola. Todo está solo cuando yo estoy solo.

Todo lo creado, sólo es lo que tú puedes crear con todo lo creado.

Tenemos un mundo para cada uno, pero no tenemos un mundo para todos.

Hay dolores que han perdido la memoria y no recuerdan por qué son dolores.

Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino.

Mi sed agradece un vaso de agua, no un mar de agua.

Llevar o ser llevado es la misma carga, necesaria para nuestros hombros.

Y si no pudiera alejarme de mí, no podría acercarme a nadie, a nada. Ni a mí.

Siempre busco alguna luz y siempre en la noche y no alumbrado por ninguna luz.

Cuando tú y la verdad me hablan, no escucho a la verdad. Te escucho a ti.

Porque saben el nombre de lo que busco ¡creen que saben lo que busco!

Palabras que me dijeron en otro tiempo, las escucho hoy.

Lo que hay fuera de mí es una imitación mal hecha de lo que hay dentro de mí.

Temer no humilla tanto como ser temido.

Los que dieron sus alas están tristes, de no verlas volar.

Yo le pediría algo más a este mundo, si tuviese algo más este mundo.



NOTA. Tomado de VOCES, de ANTONIO PORCHIA.
Edicial S.A. Buenos Aires, 1989

sábado, 25 de junio de 2011

Vincent van Gogh: una carta. "Las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestra vida".



Cuando pensamos en este artista, ¿en qué pensamos? ¿En sus Girasoles; en su Sillas, solas y vacías; en sus frías Habitaciones solitarias; en sus Noches estrelladas; en el amarillo que nos remite a él, ese amarillo que tanto trabajó para arrancarle y hacerlo estallar en el tono que creía tenía y podía hacerse luz? ¿Pensamos en el que "se cortó una oreja"; en el "amigo" de Paul Gauguin; en el "loco" holandés? En eso pensamos los que nos une -a y con él- una gran pasión. Pero esto, que está bien, es sólo un cliché, inclusive "emocional"... Y, claro, el Artista y el Hombre, en todas sus circunstancias se nos escapa. Su obra, prolífica, nos habla de sus intereses. Sus Cartas, las que escribió -unas ochocientas- entre los años 1872 y 1890, año de su muerte, nos hablan de ella, y de las circunstancias de su vida: son unas de las claves para entender su obra.
Van Gogh fue un artista singular y un hombre atormentado que supo pensarse mientras sus humores cambiaban y su cuerpo daba señales, las que no entendía. Un hombre que se pensaba mientras creaba y duplicaba sus esfuerzos en mejorar el manejo técnico de su arte. Recomiendo leer todas sus Cartas a Theo, porque nos dan un panorama amplio de su tremenda vida. Alguna vez dijo de sí que era "una hoguera en el pecho a la que nadie jamás se acerca a calentarse", pero que también afirmó, "prefiero mil veces pintar los ojos de la gente ante que Catedrales".
Hace muchos años que lo conocí y me acerqué a sus obras. Más tarde leí sus Cartas. Nadie como él se ha hecho un lugar en mi alma, por eso lo hice mi hermano, de este amor salieron varios poemas que tratan de abrazarlo. Comparto aquí una de esas desgarradoras epístolas, --escritas desde su internación en Saint Remy, donde estuvo entre mayo de 1889 y el mismo mes de 1890, tras lo que se mudaría a Auvers Sur Oise--,en las que se cuenta, enfermo y trabajando en su arte.
Quien se sumerja a leerlas en su totalidad se encontrará con un pintor que... escribía muy bien!!!


SEPTIEMBRE DE 1889

...Se dice --y lo creo de muy buena gana-- que es difícil conocerse a uno mismo; pero tampoco es fácil pintarse a uno mismo.
Así trabajo en dos autoretratos en este momento --a falta de otro modelo-- porque es más que tiempo que haga un poco de figura. Uno lo empecé el primer día que me levanté, estaba flaco pálido como un diablo. Es azul violeta oscuro y la cabeza blancuzca con cabellos amarillos, por lo tanto un efecto de color.
Pero desde entonces volví a empezar uno de tres cuartos sobre fondo claro. Además retoqué estudios de este verano; en fin, trabajo de la mañana a la noche.
...Esta carta te la escribo poco a poco en los intervalos cuando estoy cansado de pintar. El trabajo va bastante bien, lucho con una tela comenzada algunos días antes de mi indisposición, un segador, el estudio es todo amarillo, terriblemente empastado, pero el motivo era hermoso y simple. Vi entonces en ese segador, --vaga figura que lucha como un diablo en pleno calor para terminar su tarea--, vi entonces la imagen de la muerte, en el sentido que la humanidad sería el trigo que siega. Es pues --si quieres-- la oposición de ese sembrador que antes había ensayado. Pero en esta muerte no hay nada triste, todo sucede a plena luz con un sol que inunda todo con una luz de oro fino.
Bueno, ya estoy de nuevo; sin embargo no suelto la presa y busco de nuevo en una nueva tela. Ah, casi creería que tengo un nuevo período claro ante mí.
Y qué hacer --continuar durante estos meses aquí, o cambiar-- no lo sé. Lo que pasa es que cuando las crisis se presentan no son nada graciosas y arriesgarme a tener un ataque como ese contigo u otros es grave.
Mi querido hermano --sigo escribiéndote en los intervalos del trabajo--, trabajo como un verdadero poseído, más que nunca tengo un furor sordo de trabajo. Y creo que eso contribuirá a curarme. Puede que me suceda una cosa como de la que habla Eug. Delacroix: "Encontré la pintura cuando ya no tenía ni dientes ni aliento", en el sentido que mi trsite enfermedad me hac etrabajar con un furor sordo --muy lentamente-- pero de la mañana a la noche sin aflojar y --probablemente allí está el secreto-- trabajar mucho tiempo y lentamente. Qué sé yo, pero creo que tengo una o dos telas en marcha no demasiado mal, primero el segador en los trigales amarillos y el retrato sobre fondo claro, será para los Veintistas si no obstante se acuerdan de mí en el momento dado, pero para mí sería absolutamente lo mismo, si no preferible, que me olviden.
...Seguiré trabajando firmemente y luego si hacia Navidad vuelve la crisis veremos, y cuando pase entonces no vería ningún inconveniente mandar al diablo a la administración de aquí y volver al Norte por más menos mucho tiempo. Irme ahora, cuando me parce probable una nueva crisis en invierno, es decir dentro de tres meses, sería quizá demasiado imprudente. Hace seis semanas que no pongo el pie afuera, ni siquiera en el jardín, la semana próxima cuando haya terminado las telas que estoy haciendo no obstante voy a tratar.
...Una vez más sigo esta carta en los intervalos. Ayer empecé el retrato del celador en jefe y quizá también haga a su mujer, ya que está casado y vive en una pequeña casa a algunos pasos del establecimiento.
...¡Uf! el segador está terminado, creo que lo pondrás en tu casa, es una imagen de la muerte tal como nos habla de ella el gran libro de la naturaleza, pero lo que busqué es el "casi sonriendo". Es todo amarillo, salvo una línea de colinas violetas, de un amarillo pálido y rubio. Me parece muy gracioso eso, que lo haya visto a través de los barrotes de hierro de una celda.
Y bien, sabes lo que espero, una vez que me pongo a tener esperanzas, que la familia sea para ti lo que para mí es la naturaleza, los terrones de tierra, la hierba, el trigo joven, el paisano, es decir que en tu amor por la gente encuentres no solamente con qué trabajar sino también con qué consolarte y recuperarte, cuando lo necesites.
...Esta tarde trabajé en el retrato del celador, que adelanta.
Si no fuera temperador --totalmente-- por una mirada inteligente y una expresión de bondad, sería un verdadero pájaro de presa. Es un tipo del Midi.
..Lo que sueño en mis mejores momentos no es tanto los efectos de color brillante, sino una vez más los semi tonos.



NOTA. Tomado de CARTAS A THEO, de VINCENT VAN GOGH.
Editorial y Librería Goncourt. Buenos Aires, 1992.

viernes, 17 de junio de 2011

RAYMOND CARVER: un poema.



Raymond Carver, (EE.UU, 1938-1988), tuvo una vida corta, pero de una intensidad creativa que lo ubicó rápidamente en un lugar destacado de la cuentística de su país. Obra compuesta por cuatro volúmenes de relatos, a saber, ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, De que hablamos cuando hablamos de amor, Catedral y Tres rosas amarillas. También publicó varios libros de poemas (El sendero de la cascada, Todos nosotros, etc.)
Fue hijo de un padre pobre y alcohólico y de una madre que seguía a su marido por donde la posibilidad de trabajo lo llevara: Carver es heredero de esas circunstancias y tuvo que luchar mucho para superar el grave problema del alcoholismo. Trabajando en lo que le saliera aprendió a escribir por correspondencia: escribía, bebía, sobrevivía, hasta que conoció a la poeta Tess Gallagher (en la foto con él). Esa relación le cambió la vida, lo estabilizó. Y vivió lo suficiente como para disfrutarlo.
Comparto aquí un poema, al que yo leo como una ventana del pasado por la que se le colaban todos los fantasmas que amenzaban la vida provisoria junto a sus padres, pero también como una ventana del presente, el suyo, por la que, aunque bien cerrada, podrían colarse los fantasmas para arrebatarle sus posesiones espirituales y materiales...(Ventanas, las suyas, las nuestras, por donde se nos presenta, a diario, la cornisa de los miedos, pueriles, ínfimos, pero reales...) Pero es sólo un poema: así se lo debe leer. ¡Qué cada cual haga su propia lectura!


MIEDO
Miedo a ver un coche
de la policía detenerse a mi puerta.
Miedo a dormirme por la noche.
Miedo a no dormirme.
Miedo al pasado resucitando.
Miedo al presente echado a volar.
Miedo al teléfono
que suena en la quietud de la noche.
Miedo a las tormentas eléctricas.
¡Miedo a la limpiadora
que tiene una mancha en la mejilla!
Miedo a los perros
que me han dicho que no muerden.
Miedo a la ansiedad.
Miedo a tener que identificar
el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo a quedarme sin dinero.
Miedo a tener demasiado,
aunque la gente no creerá esto.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde
y miedo a llegar antes que nadie.
Miedo a la letra de mis hijos en los sobres.
Miedo a que mueran antes que yo y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre
cuando ella sea vieja y yo también.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día acabe con una nota infeliz.
Miedo a llegar y encontrarme con que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar lo suficiente.
Miedo de que lo que yo amo
resulte letal para los que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado.
Miedo a la muerte.
Ya he dicho eso.



NOTA. Tomado de Todos nosotros, de Raymond Carver.
Bartleby Editores. Madrid, 2010.

martes, 14 de junio de 2011

A UN CUARTO DE SIGLO DE SU ADIÓS: BORGES POR ÉL MISMO.



Se cumplen hoy los primeros 25 años de la muerte de este "escritor sudamericano", como él mismo se llamaba, pero universal y, ya inmortal, como lo son los clásicos. ¿Con cuál Borges quedarnos? ¿Con el cuentista, el poeta, el ensayista, el conferencista, el profesor, el irónico, el bromista, el viajero, el polémico? Yo prefiero quedarme con el Poeta y para evocarlo elijo uno poema que él tenía entre sus pocos preferidos de su extensa obra poética: Poema de los dones.
¿Por qué elegí una foto de su tumba en Plainpalais, Ginebra, para ilustrar este poema? Porque fue allí, en esa entonces pequeña ciudad, donde eligió escribir en nuestro idioma: también porque eligió ese lugar, cerca de las aguas y la brisa del Ródano de su lejana adolescencia, como su último lugar antes de dar "el último de mis pasos", como dice un verso de un poema donde la pregunta teológica y ontológica se tocan y son, lo mismo... (Cristo en la cruz, en Los conjurados, 1985).

POEMA DE LOS DONES, (de El Hacedor, 1960).

Nadie rebaje a lágrimas o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
A unos ojos sin luz, que sólo pueden
Leer en las bibliotecas de los sueños
Los insensatos párrafos que ceden

Las albas a su afán. En vano el día
Les prodiga sus libros infinitos,
Arduos como los arduos manuscritos
Que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
Muere un rey entre fuentes y jardines;
Yo fatigo sin rumbo los confines
De esa alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
Y el Occidente, siglos, dinastías,
Símbolos, cosmos y cosmogonías
Brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
Exploro con el bácuo indeciso,
Yo, que me figuraba el Paraíso
Bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
Con la palabra azar, rige estas cosas;
Otro ya recibió en otras borrosas
Tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por lentas galerías
Suelo sentir con vago horror sagrado
Que soy el otro, el muerto, que habrá dado
Los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
De un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
Si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
Mundo que se deforma y que se apaga
En una pálida ceniza vaga
Que se parece al sueño y al olvido.



NOTA: Tomado de JORGE LUIS BORGES, OBRA POÉTICA.
Emecé Editores. Buenos Aires, 1977.