domingo, 29 de abril de 2012
INAGOTABLE ASOMBRO, en el Día del Animal, un poema de OLIVERIO GIRONDO.
INAGOTABLE ASOMBRO
"Este perro.
Este perro.
¡Indescriptible!
¡Único! /
(¿Quién diría la forma,
la intención,
el tamaño,
de todas sus membranas,
sus véretebras,
sus células,
sin olvidar su aliento,
sus costumbres,
sus lágrimas?) /
Este perro.
Este perro,
semejante a otros perros
y a la vez tan distinto
a su padre,
a su madre,
sus hermanos,
sus hijos,
a los perros ya muertos,
y a todos los que existen. /
Este perro increíble,
con su hocico,
su rabo,
sus orejas,
sus patas,
inédito,
viviente;
modelado,
compuesto
a través de los siglos,
por un esfuerzo inmenso,
constante,
incompresible,
de creación,
de armonía,
de equilibrio,
de ritmo. /
Este perro.
Este perro,
cotidiano,
inaudito,
que demuestra el milagro,
que me acerca al misterio...
que da ganas de hincarse,
de romper una silla". /
NOTA: Tomado de "Embelecos", en Obras de Oliverio Girondo.
Editorial Losada. Buenos Aires, 1991, (3ra. edición).
sábado, 24 de marzo de 2012
"Ciencias morales" o de una pedagogía del miedo para la dominación.

"El Proceso instaló en el país
el miedo y la muerte".
León Rozitchner
El Golpe militar de 1976 instaló el miedo en la sociedad. Tenía con qué: el poder de sus armas y su obscena ostentación, su tradición golpista, y miedo a los "rojos apátridas, subersivos y terroristas". Sobre este trasfondo es que no tuvo oposición en la población. A muy poco de quedarse con el Poder la Junta tuvo sus voceros y los medios de comunicación para difundir una campaña, masiva y sostenida, con el miedo como eje: miedo a los violentos, miedos a los que querían quedarse con el país, con sus riquezas, miedo a los valores que atentaban contra los valores ocidentales y cristianos...
En 2007, después de publicar "DOS VECES JUNIO" (2002) novela que avanza, en el ascéptico tono, la indiferencia, la neutralidad del personaje --un soldado argentino durante la Dictadura-- que cuenta en primera persona el relato central compuesto por las actividades de su jefe inmediato, y después de su excelente tesis, "NARRAR A SAN MARTÍN" (2005) MARTÍN KOHAN dio a conocer otro destacable título, "CIENCIAS MORALES", donde recrea el lugar, la función del miedo: una sútil presencia cotidiana que achataba la vida en sociedad: ¿una sociedad resignada a los atropellos --por llamarlo así, sin entrar en profundas consideraciones que exceden este espacio y esta nota-- por imperio del miedo? Una época argentina donde la sociedad tiene la boca callada: en la que el individuo atomizado se multiplica y replica por ese miedo que lo lleva a recluirse en sus cosas, cocentrarse en sus problemas: hacer su vida, en suma.
"CIENCIAS MORALES" reúne, en el espacio del Colegio Nacional, a María Teresa, una joven preceptora, los alumnos --a quienes se dirigen todos los esfuerzos para formarlos en "disciplina y obediencia" (encomillado mío) para los valores cristianos-- y al señor Biasutto, el jefe de los preceptores. Entre ambos, la joven y su jefe, queda establecido una relación de poder, que no deja lugar a inútiles gestos de rebeldía tampoco a ambiguos amagues de quejas... Una asimétrica relación de poder. No es una historia de "ofendidos y humillados": es un relato de temerosos y acallados que agachan la cabeza y hacen la vista gorda. Resumiendo: el señor Biasutto ordena a la joven María Teresa que cumpla su rol de preceptora y vigile al alumnado --futuros dirigentes del país-- y le informe de cualquier desviación de los mismos. Miedo, hostigamiento, acoso, de todo tipo, miserias varias y delación son los ingredientes de esa relación enfermiza.
El espacio del Colegio Nacional, institución dadora de valores, espacio privilegiado que simboliza la Institución del Poder Central: que vigila y castiga, que castiga para enderezar, que pena toda desviación malsana...
"CIENCIAS MORALES", que le valió a KOHAN el Premio Herralde de Novela, es otra incursión del autor en nuestra historia reciente: la de los años de plomo de la Dictadura de Videla y compañía.
Es la novela que decido recomedar en esta fecha: 24 de Marzo del 2012.
NOTA: tomado de Ciencias morales, de Martín Kohan.
Editorial Anagrama. Barcelona, 2007. Colección Narrativas hispánicas.
sábado, 17 de marzo de 2012
"Las tumbas", de Enrique Medina. O de la niñez asilada en la "escuela de la delincuencia"...

Qué sería de la literatura sin algunos nombres, sin algunas obras, sin los cuales la cultura --leída o no-- y una época estaría incompleta. Pienso en Lope de Vega, en Dickens, en Proust, en Dostoievski, en Flaubert, en Wilde, en Verne, en Kafka, en Herman Broch, hablando de la novelística europea. En el plano de nuestro Contienente --Norte y Sur-- pienso en Melville, en Hiller, en Poe, en Faulkner, en Steimberg; pienso en Carlos Fuentes, en Octavio Paz, en Cesar Vallejo, en Neruda, en vargas Llosa, en Galeano.
Qué sería de nuestra literatura, la argentina, sin Sarmiento, sin Echevería, sin José Hernández, sin Arlt, sin Borges, sin Marechal, sin Sabato, sin Cortázar.
Hablo de autores y de títulos que dieron cuenta de una época, de una cultura, de unos hombres en sus circunstancias ficcionales que recrearon y dieron forma a un modo de ver la vida , un modo de situarse ante la historia, las leyes, los hombres, el destino, su propia finitud, la muerte, etc.
La literatura local sería incompleta sin "El matadero", sin "Facundo", sin "Martín Fierro", sin la trilogía arltiana, sin "Adán Buenosayres", sin "Rayuela", sin algunos cuentos del gran Borges y de Horacio Quiroga, sin Girondo, sin Juanele Ortiz, sin la obra de David Viñas, sin los contundentes títulos de Rodolfo Walsh.
(Claro que la mía es una mirada parcial, que responde a mis gustos y a mí formación, es cierto, también, que el presente no es un listado de autores y obras a
considerar).
Esto ocurre con LAS TUMBAS, de ENRIQUE MEDINA, que ahora, al cumplirse 40 años de su edición, Galerna reedita: y en buena hora, ya que su obra --con más de 25 novelas publicadas, algunas traducidas a varias lenguas-- está siendo revalorada y recibiendo la merecida apreciación tanto tiempo negada por ciertos críticos. (Una obra prolífica entre los que distingo, aquí, la novela "Gatica", sobre la que Leonardo Favio rodó su homónimo excelente film, y los cuentos feroces de "Desde un mundo civilizado").
Profusamente elogiada por David Viñas y Rodolfo Walsh y bien recibida por la crítica esta novela, publicada en julio de 1972, da cuenta de las perversiones intramuros, de los abusos --en connivencia con una burocracia institucional "funcional-- que recaen sobre los niños y menores asilados en orfanatos, reformatorios: Institutos, etc. Serie institucional estatal que "contiene" y "reforma" a los menores con problemas pero que en realidad termina siendo una escuela de la delincuencia.
Una historia perturbadora, sin conceciones, sin un final feliz: un verdadero cross ficcional a la mandíbula (para seguir con esta figura arltiana digo que LAS TUMBAS toma de la trilogía de ARLT todos los seres monstruosos y los pone en una función estatal de "reeducación" de menores "desviados", sólo que estos monstruos tienen como único plan de revolución el sacar pequeñas y miserables ventajas cotidianas que les da su cuota de poder en los internados oficiales. Aplicando sus fuerzas para lograr la sujeción, dominación y delación: convertirlos en tarados funcionales a su sistema punitivo y "aleccionador"...)
Medina la escribió a principios de los setenta pero el perverso mundo asilar --que sólo respeta sus leyes no escritas-- que recrea sigue siendo el mismo: por eso se la continúa leyendo.
sábado, 18 de febrero de 2012
JULIO CORTÁZAR: un Cronopio, gigante y divertido, entre amables felinos que comparten sus días con él.

El pasado 12 de Febrero se cumplió otro aniversario del adiós de nuestro queridísimo JULIO CORTÁZAR. Punto. Siempre estaremos --con motivos o sin ellos-- escribiendo de él, sobre él y para él ¿quién nos puede negar esta ilusión?
Sabemos que le gustaban los gatos y que siempre se rodeó de ellos. Las fotos en los años parisinos lo muestran jugando con estos amables amigos. En este amor se empareja a Baudelaire, "... al orgullo de casa, la fuerza y la dulzura de los gatos" (Poema LXVI, "Los gatos"), a Pavese, "Habrá otros días, habrá otras voces. Sonreirás a solas. Los gatos lo sabrán" ("The cats will know"/Los gatos lo sabrán), a Borges, "El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo" ("Beppo"), que también amaban estas inteligentes, sutiles, distinguidas y afectuosas criaturas. (El singular humor cortazariano lo llevó a llamar a un gato con el pretencioso nombre de... Teodoro W. Adorno, el filósofo y sociólogo alemán...!!! ¿Se lo imaginan levantándose cada mañana y teniendo cerca a su pequeño y juguetón Teodoro W. Adorno?)
Se acompañaba con ellos y los dejaba entrar a su ficción, tal es así que los podemos encontrar en su obra, por ej. en el capítulo 59 de "Rayuela", en "El Diario de Andrés Fava", en "Último round", en "La vuelta al día en ochenta mundos", en "Queremos tanto a Glenda", etc.
Comparto este poema en prosa donde deja asentado este mutuo afecto que se alimentaba de miradas, caricias, silencioso estar y de los momentos lúdicos que los hermanaban aún más en ese espacio donde todo era "tan libre, tan posible, tan gato".
"Calac sigue rondando mi mesa y de la impresión de divertirse bastante. Jamás aprobará lo que hago, precisamente porque es mi mejor alter ego, pero su relativo silencio es una suerte de aceptación de todo esto que inquieta a mi yo más metódico, por ejemplo que en vez de sistematizar desenrollo simplemente el piolín de esta madeja de papeles acumulados a lo largo de cuatro décadas cuatro. Sigo sacando hojitas de cuadernos y carpetas, tiro las que ya no me dicen nada, juego con un azar en que tiempos y ánimos saltan como las piezas de un puzzle revuelto. Calac parece comprender que una clasificación previa de temas o periodo no parece la buena regla del juego, y que gracias a eso la baraja me va poniendo inesperadas secuencias en la mano. Nos estamos divirtiendo de veras, Calac y yo, mientras Polanco rabia en su rincón y murmura cosas como técnicas estocásticas inadmisibles, o procesos aleatorios dignos de una mosca dibujando su propio vuelo para nadie o de una cucaracha jugando contra Bobby Fischer en un embaldosado.
Imagino que hacia el final aparecerán pameos y prosemas que hubieran debido estar en lo ya ensamblado, pero si este libro no es plástico, no es nada. Por ahora lo que más nos gusta a Calac y a mí es que las cosas saltan como ranitas cadenciosas desde sus pozos de papel a la máquina de escribir que las pone en fila, y en eso los meopas se parecen muchísimo a mi gata Flanelle ("honi soit qui mal y pense" en la Argentina: Flanelle se llama así por su pelaje y no por su líbido), que también brinca cada tanto a mi mesa para explorar lápices, pipa y manuscritos. Todo aquí es tan libre, tan posible, tan gato".
Tomado de El agua entre los dedos, en Salvo el crepúsculo, de Julio Cortázar.
Alfaguara. Buenos Aires, 1996.
sábado, 28 de enero de 2012
"El borde de Ítaca en las sombras del sueño". Tres poemas míos para evocar a Ulyses.

LA SOMBRA DE ÍTACA
en el borde
de esa deforme moneda
en la alforja
de degastado cuero
Ambos recuerdan y extrañan
un atardecer allí
El borde de la sombra
de un sueño:
él siempre es ausencia
ella cada noche es espera
***************
AHORA YA NO ES EL GUERRERO
Ahora es tan sólo un hombre
Y se sabe mortal,
aunque su aura
señala lo contrario
Fue herido
con la muerte de sus amigos
Con este lamento
zarpa, ahora, Ulyses
¿Hasta dónde llegará?
¿Volverá a pisar
el suelo de su tierra?
Ha zarpado, ya,
arriesgándose
a oscuras travesías
A nosotros,
que no aceptamos su desafío,
nos queda este Continente
que sólo deja escuchar
leyendas de temores
abismos, clausuras
***************
DEJÓ SU HOGAR
Fue. Luchó. Guerreó.
Vio amigos morir.
Vio dioses competir.
Vio muertes en demasía.
Se le agotó el alma/
escuchó el llamado.
Viajó de regreso.
Venció a Cirse/
el canto de las sirenas,
monstruos no imaginados.
Llegó a la costa de su hogar.
Pisó el suelo suyo,
de su pie quedó la huella.
Estaba de nuevo en casa:
el resto sería tejido de la memoria.
Rafael Sturla.
San Telmo. Distrito Federal. Enero de 2012
sábado, 21 de enero de 2012
"País de Hadas", de Edgar Allan Poe.

DUELE. Duele. Sí, duele: la vida de EDGAR ALLAN POE duele. Genial, sensible, débil. Criado dentro de una familia que no le pertenecía: conoció, muy pronto, lo que es ser el hijo no querido, no deseado. El mundo le fue hostil: la sociedad de su tiempo. De ella, entre los hombres, supo, muy rápido y demasiado joven, que significa ser el artista "maldito".
ALIVIA. Alivia. Sí, alivia saber que además de las hostilidades, las privaciones, las burlas, conoció el amor cristiano de las mujeres que a su turno le dipensaron cuidados: para el cuerpo y el alma.
INSPIRA. Inspira. Sí, inspira saber que pese a todo --a la pobreza, el alcohol, su débil vida quebrada-- tuvo la suficiente voluntad para escribir: los cuentos, perfectos, que lo llevaron a ser considerado uno de los padres del cuento moderno (junto a ANTON CHEJOV y GUY DE MAUPASSANT).
Pero, además, escribió poesía, lo que es casi desconocido para el gran público que, sólo leyó o escuchó hablar de "El cuervo" y cree que fue un capricho aislado, una una pausa lírica, dentro de su cuentística. Ella, el total de su creación poética, completan su obra literaria.
A sus cuentos llamamos: ¡Perfectos! De su poesía podemos decir que tiene profundidad y belleza: acaso, ¿hay otros elementos --dejando de lado lo técnico-- que hacen que tal o cual poesía perdure? Para conocerla sólo hay que encontrarse con ella. Hoy comparto una de sus primeras creaciones en verso.
PAÍS DE HADAS
Oscuros valles y tenebrosos pantanos,
sombríos bosques,
cuyas formas no podemos adivinar
al impedirlo las lágrimas que caen por todas partes.
Enormes lunas que aparecen y desaparecen
una vez, y otra vez, y otra vez,
a cada momento en la noche
--siempre cambiando de lugar--
y oscurecen los rayos del lucero
con el aliento de sus pálidos rostros.
Alrededor de las doce por el reloj lunar
una un poco más nebulosa que las demás
(en un juicio,
decidieron que era la mejor)
desciende --abajo, más abajo--
con su centro sobre la corona
de la cumbre de una montaña,
mientras que su amplia circunferencia
de flotantes vestiduras cae
sobre aldeas, sobre pórticos,
donde quiera que estén
--sobre los lejanos bosques, sobre el mar--
sobre los espiritus alados,
sobre las cosas adormecidas,
y las envuelve completamente
en un laberinto de luz,
y entonces, ¡qué profunda! ¡oh, profunda!
es la pasión de su sueño.
Por la mañana se levantan
y su envoltura de luna
se eleva en los cielos,
con la tempestad cuando se sacuden,
como --casi como cualquier cosa--
un albatros amarillo.
No usan más esta luna
para el mismo fin que antes
--o sea a guisa de tienda--
lo cual encuentro extravagante:
sus partículas, de todas formas,
se disuelven y caen en cascada,
y aquellas mariposas,
de la Tierra, que buscan los cielos
y así bajan otra vez
(¡cosas nunca contentas!)
han traído algunas de ellas
en sus temblorosas alas.
Tomado de Poesía Completa, de Edgar A. Poe.
Ediciones 29. Barcelona, 2005. (Tercera edición).
sábado, 14 de enero de 2012
La Metáfora y el Arco.

LA METÁFORA Y EL ARCO
A Catalina Blanco Sturla, Catita,
queridísima e inolvidable tía.
In memoriam.
A qué de nosotros
despedimos
cuando decimos adiós a un querido
Qué se despide
de lo que somos,
devenido en lo que fuimos
Qué se nos confirma, insistiéndose
En las formas permanentes del cambio
--entre lo que perece y no--
hallamos lo esencial
Lo esencial:
ajeno a la roca,
cercano al clavel,
reconociéndose creatura,
suspirando ante los astros,
preguntando ante toda finitud
En el centro mismo
de toda metáfora del ser
que nos envía su flecha
Rafael Sturla
Reconquista, 10 de Enero del 2012
domingo, 8 de enero de 2012
"Juguetes". De Juan Gelman. "Porque qué haría la inocencia ahora que está armada".

JUGUETES
hoy compré una escopeta para mi hijo
hace ya tiempo que me la venía pidiendo
y comprendiendo mi hijo que no hay plata
que alcance
pero pidiéndola proponiendo los sitios de
la cocina de la pieza
donde recién traída la escopeta esperaba
que él saliera del sueño donde estaba
esperándola
para verla tocarla convertirla después en
otro sueño
no para matar bichos o pájaros o arruinar
las parades las plantitas
o bajar la luna de su sitio lunar
no para esas pequeñas cosas molestas mi
hijo quería su escopeta
y esta noche la traigo
y escribo para alertar al vecindario al
mundo en general
porque qué haría la inocencia ahora que
está armada
sino causar graves desórdenes como
espantar la muerte
sino matar sombras matar
a enemigos a cínicos amigos
defender la justicia
hacer la Revolución
y además compré una camita para mi hija
donde acostará a su muñeca cubriéndola
con el trapo amarillo
como esa noche que yo estaba por escribir
un poema
intentando apresar los rostros últimos del
bello amor humano
imperfecto como una madre
oscura
acercándome a ellos casi rodeando su aire
cálido como un fuego cara a cara a su fuego
oyéndolos temblar inasibles
y mi hija me tomó de la mano para
mostrarme la muñeca
que ella había abrigado en su cuna
tapándole los ojos pintados con un pedazo
de papel para que pueda dormir
y le besó la frente
le dijo que descanse
y yo volví a la mesa y en silencio guardé
mis papeles vacíos
Tomado de "Cólera buey" (1971) de Juan Gelman.
Editorial La Página S.A. Buenos Aires, 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
LA PATRIA EQUIVOCADA, (1991) de Dalmiro Sáenz. O de las batallas entre los valores y las armas mientras la Nación buscaba hacerse.


De la Teoría Literaria me interesa poco, apenas lo básico, como una referencia, nada más. ME INTERESA LA BUENA LITERATURA!!! Por eso me permito recomendar los textos que --por lectura y propia experiencia estética de disfrutada recepción-- engrosan la lista de la ficción que perdura, más allá de las modas, de las ofertas, de los saldos en librerías de viejo.
Hoy comparto las dos o tres primeras páginas de LA PATRIA EQUIVOCADA, porque creo que, junto a los cuentos de SETENTA VECES SIETE, conforma lo mejor dentro de la variada obra de DALMIRO SÁENZ.
(En un hipotético Cánon de nuestra Literatura que sólo tomara en cuenta las novelas y no sus autores, entonces "La Patria equivocada" tendría su merecido lugar).
QUERIDOS PADRE Y MADRE:
Tengo instalada ya en mi tristeza las caras de ustedes cuando terminen de leer esta carta. La suya, mamá, inclinada sobre este papel, como cuando terminaba de tocar el piano y su mirada quedaba un rato extraviada sobre las teclas. Sus ojos tendrán lágrimas, su frente esa arruga vertical que yo de chica trataba de borrar con los dedos; y usted, papá, tal vez no diga nada por un rato o tal vez diga a mamá ¿qué fue lo que hicimos mal?, o algo por el estilo, Yo quisiera convencerlos de que no hicieron nada mal, de que las personas no somos tan importantes como para hacer tanto mal como pretendemos.
A Clorindo lo conocí durante la segunda invasión de los ingleses. Yo había terminado el turno de la tarde en el hospital de sangre y ya estaba por volverme a casa cuando lo trajeron en una camilla. Vi que era un Patricio por lo que quedaba de su uniforme y, por la trenza, vi que era un soldado raso, pero no le pude ver la cara porque estaba cubierta de sangre y barro. Lo primero que hacíamos, cuando llegaban los heridos, era llevarlos para localizar bien las heridas y ahorrarle tiempo a los médicos. Busqué una palangana con agua y empecé a enjuagarle la cara muy despacio con una esponja. Les cuento esto porque creo que fue importante. Era algo muy raro lo que yo sentía en ese momento; era ver el nacimiento de una cara, era descubrir una mirada que, a su vez, descubría mi mirada. Él estaba conscientey sufría. Lo desvestí con mucho cuidado y miré ese cuerpo tan joven y tan profanado por el metal caliente de la metralla. Fue como mirar una estatua embellecida por el desgaste o enriquecida por el destrozo de alguno de sus miembros, o como mirar su propia cara, padre, con la cicatriz que le dejó el duelo con Martín Argañaraz.
Como el médico se demoraba empecé a deshacerle la trenza y, como pude, le quité los enchastres de sangre y de barro del pelo. Recién con el pelo suelto y limpio sobre la almohada dejó de ser un soldado. era un muchacho, casi un ángel, desnudo como una talla. Tuve la sensación de estar escamoteándole a la ciudad uno de sus guerreros. me desconcertaron mis sentimientos. Tenía delante de mí el cuerpo de un hombre liberado de ese aspecto que las circunstancias le había adjudicado; era casi un secreto lo que yo poseía, tal vez ni él mismo se hubiera reconocido en la suavidad de su letargo, en las manos empuñando el vacío de las armas, en la boca un poco abierta de su infancia.
No creo que allí me enamorara de él, más bien me enamoré de mis propios sentimientos. En el hervidero de ideas de nuestra casa, en esa sala tres veces más grande que el ranchito en donde ahora vivo, ustedes me hicieron comprender la revolución del ser humano. Una vez cuando usted, padre, me leía a Rousseau, tuve la sensación de que Rousseau no era más que un lenguaraz, un traductor de un idioma que yo poseía desde hacía rato, pero que recién él me lo permitía descifrar. Algo así pasó con Clorindo. Yo le había robado a Saavedra uno de sus soldados, o mejor dicho, lo había despojado de su uniforme, de las huellas del combate, de la sangre y el barro y hasta su trenza de Patricio, y había dejado aldescubierto lo que quedaba de él. ¿Y qué quedaba de él? ¿Qué queda de nosotros cuando nos despojamos del ropaje de las circunstancias? ¿Existimos? ¿Somos como huérfanos de nostros mismos?
yo, por ejemplo, cuando Dolores corría las cortinas de mi cuarto para despertarme y me decía: "Buenos días tenga usted, Niña Clarita, acá está su chocolate", y yo le contestaba desde la cama: "Buenos días, Dolores, cómo amaneciste". ¿Quién era la que decía buenos días, Dolores, como amaneciste? ¿Era la misma que esta mañana en el rancho se acercó a Clorindo con un mate y quedó pendiente de su silencio, a la espera del sonido de la bombilla para estirar el brazo y continuar con la liturgia de las madrugadas y llenar nuevamente el mate con el agua hirviente de la pava?
Y cuando Clorindo se levanta y se lava en la palangana junto al espejo y se reconstruye la trenza y se pone su uniforme de Patrico para ir al cuartel, ¿quién es la que lo mira? ¿La niña Clarita que tomaba chocolate caliente en la cama todas las mañanas o esta mujer que les escribe,después de haber barrido la galería, de haber alimentado a las gallinas y que ahora está vigilando con un ojo el puchero, que se me está por desbordar de adentro de la olla?
No lo sé. Tal vez uno es lo que le exigen las circunstancias y yo ahora hable el lenguaje de ustedes porque los imagino leyendo esta carta. Y, hoy a la noche, cuando Clorindo vuelva del cuartel y nos encerremos en nuestro mundo de silencios y yo le tome esa mano que apenas sabe dibujar las letras de su nombre en un papel, ¿quién es la que va a estar ahí? ¿La hija de ustedes? ¿La mujer de Clorindo? ¿Las dos juntas?
A veces pienso que yo fui un invento de ustedes, que ustedes me hicieron como estamos todos, de una u otra forma, haciendo este país. Otras veces pienso que yo los inventé a ustedes, no sólo en mi imaginación, sino también que ustedes serían muy distintos de lo que son si yo no existiese. A veces no pienso nada y entonces me pongo a escribir cartas como ésta.
¿Se acuerdan cuando nos pasábamos las horas en casa leuendo El Contrato Social o cuando discutíamos en las tertulias de los jueves con los Peña o con los Monteagudo, cuando yo repetía párrafos de memoria del libro que estaba leyendo en ese momento? Me parece que ha pasado tanto tiempo. Yo, en esa época, me sentía hija de ustedes. Ahora me siento hija de mí misma.
NOTA. 1/ Tomado de "La Patria equivocada", de Dalmiro Sáenz.
Editorial Planeta Argentina. Buenos Aires, 1991.
NOTA. 2/ Las pinturas que ilustran esta entrada pertenecen a Cándido López, soldado y pintor, que participó en la Guerra de la Triple Alianza contra Parguay, y que la bocetó en detalles; artista que por imaginación de Sáenz forma parte de esta bella novela argentina.
sábado, 26 de noviembre de 2011
"El niño de Vallecas" y El niño de Nonogasta: de enigmas, preguntas y obviedades capitalistas...

Entre "El niño de Vallecas", cuadro de Velázques y puesto en poesía por León Felipe, y "El niño de Nonogasta", poema de mi autoría, hay al menos una coincidencia: ambos murieron muy pronto: en su primera juventud, aquél, y apenas niño, este último.
El niño --su nombre era Francisco Lezcano-- retratado por Velázquez presentaba una patología de malformaciones, quizás "hipotiroidismo infantil" atenuda y que se evidenciaba en su "talla corta, frente abombada, puente nasal chato y manos regordetas".
Mi niño, de Nonogasta, había nacido "sano" pero dentro de una historia familiar de privaciones... y en unas condiciones de vida que cuestiona por sí solas otras: manifestadas a minutos de donde se desarrollaba el drama de su familia.
Aquél niño presentaba enigmas que la Ciencia médica respondió siglos más tarde. El mío evidencia las "obviedades"... de la avaricia que es la estructura del capitalismo: en los noventa se lo llamaba "salvaje", ¿cómo llamarlo hoy, en tiempos en que "Todo lo sólido se desvanece en el aire", según Marshall Bermann, o en que el "mal se hace transparente", como lo afirmó Jean Baudrillard, en "La transparencia del mal"?
Me parece apropiado citar aquí al siempre vigente Oscar Wilde, "La civilización no termina con la barbárie, la perfecciona". Barbárie/capitalismo que impone el fatalismo de los "costos laterales". La Poesía está para decir palabras que le cabe decirlas.
EL NIÑO DE VALLECAS, de León felipe.
Este es el orden, Sancho,
De aquí no se va nadie
Mientras esta cabeza rota
Del niño de Vallecas exista
De aquí no se va nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.
Antes hay que deshacer este entuerto
Antes hay que resolver este enigma
Y hay que resolverlo entre todos,
Y hay que resoverlo sin cobardía,
Sin huir
con unas alas de percalina
o haciendo u agujero en la tarima.
De aquí no s eva nadie. Nadie.
Ni el místico ni el suicida.
Y es inútil, inútil toda huida
(ni por abajo ni por arriba)
Se vuelve siempre. Siempre.
hasta que un día (¡un buen día!)
El yelmo de Mambrino, halo ya, no yelmo ni bacía--
se acomode a las sienes de Sancho,
y a las tuyas, y a las mías,
como pintiparado, como hecho a medida.
Entonces nos iremos todos.
Por las bambalinas.
Tu y yo, y Sancho, y el Niño de Vallecas,
y el místico y el suicida.
EL NIÑO DE NONOGASTA
A este niño no lo mató
una bomba suicida
en las calles de Irak
No lo mató una bala de las FARC
en la selva colombiana
No fue muerto a machetazos
en alguna guerra tribal
de la oscura África
Tampoco murió por mala práxis médica.
Ni como cobayo para alguno
de los cinco grandes laboratorios del orbe
Tampoco fue arrollado
en alguna calle, ruta o autopista homicidas
No murió ahogado
bajo las aguas de un Tsunami en el Pacífico
Tampoco como sacrificio en algún rito afro,
al son de tambores, bajo la luna,
al norte de Bahía
No murió por falta de sol,
escondido en un sótano de Austria
No murió por feroces golpes de violencia familiar
No cayó muerto
por las balas de un fusil automático
en aula o en el campus
de un college del "Imperio" del Norte
¡NO!
Este niño se llamaba JEREMÍAS GUEVARA
Tenía cuatro años
y pesaba menos de ocho kilos.
Murió por DESNUTRICIÓN
En el barrio La Usina
En Nonogasta
La Rioja
Argentina
En un tiempo que es el nuestro.
NOTA 1: "El niño de Vallecas", de León Felipe. Tomado de "Versos y oraciones de caminante", Libro II, (1920 - 1930)
NOTA 2: El niño de Nonogasta. Rafael Sturla, Agosto del 2008.
sábado, 19 de noviembre de 2011
SIETE HAIKU MÍOS, de árboles, herencias y mudanzas.

Voy pasando.
Un árbol me llama.
Me detengo. Una hoja cae.
Es una invitación a subir. Subo.
O---o--o-
Madre pidió descansar
bajo un árbol.
Allí la visito cada día.
Riega mis sueños.
Cada mañana barro las hojas.
O---o--o-
Padre talaba árboles.
Uno lo aplastó. Allí quedó.
Los dos fueron uno.
De ellos me hice bastón.
O---o--o-
Abuelo trabaja la madera.
De esta saldrá pipa, trampera,
y leña para el fuego, dice.
Del aserrín,
abono para mi tumba.
O---o--o-
Abuela forma figuras.
Las pone al fuego.
Le pregunto. No me responde.
Me quedo con la dura piedra
de no saber.
O---o--o-
Hermano, no tumbes mi ciruelo.
Me cubrió los ojos. Oí la caída.
Cuando miré
mi mundo no era el mismo.
O---o--o-
Mi árbol está grande.
Hoy removí su tierra.
La aboné con penas, alegrías,
y ganas de nuevas ramas.
O---o--o-
Rafael Sturla.
San telmo. Distrito Federal. Noviembre del 2011.
NOTA. La estampa que ilustra esta publicación pertenece a Vincent Van Gogh, que las amaba, (las estampas japonesas gozaban de mucho prestigio en la Europa del siglo 19).
sábado, 12 de noviembre de 2011
Marguerite Yourcenar (Bélgica, 1903, Estados Unidos, 1987): a sesenta años de Memorias de Adriano. ¡Je vous salue, Marguerite!

Mi formación ha sido autodidacta, nada sistemática, yendo de un autor a otro y de un texto a otro, mediando entre uno y otro la recomendación puntual. Así llegué a un libro con "Testimonios y Reportajes", se trataba de "Con los ojos abiertos", entrevistas de un tal Matthieu Galey con Marguerite Yourcenar,(Emecé Editores. Buenos Aires, 1982), a la que así descubría. Su pensamiento, su filosofía de vida --mostrada para mí en esa entrevista realizada en la Isla de Maine, en los Estados Unidos, donde vivía-- me interesó lo suficiente como para comenzar a leerla; así me encontré con su obra novelística: en poco tiempo devoré OPUS NIGRUN, MEMORIAS DE ADRIANO, ALEXIS O EL TRATADO DE UN INÚTIL COMBATE (novela epistolar), entre otros títulos. Para mí, como para muchísismos lectores y de distintas generaciones, su obra más importante, sin desmerecer Opus Nigrun, es MEMORIAS DE ADRIANO. Narrada en primera persona es el mismo Adriano, el Emperador romano del siglo dos, que cuenta su vida. Una vida excepcional que se mira, preguntándose y maravillándose, y se piensa a sí misma. El Pequeño Larousse Ilustrado, en su edición del año 2000, lo define "Príncipe instruido y gran viajero", es este calificativo de "instruido" lo que lo diferenció de otros Emperadores: su amor por la cultura, arriesgo, fue lo que lo llevó a la consideración especial para nuestra escritora y, así, sacarlo definitivamente del Salón de los Manuales de Historia. El culto, inquieto y curioso Adriano, llega a ser, en manos de una gran trabajadora de la palabra precisa, nuestro contemporáneo.
Un cuarto de siglo (1924 a 1950) estuvo Marguerite Yourcenar ocupada en sentir al personaje y el mundo de su tiempo; dice, en los Cuadernos de Notas a las "Memorias de Adriano", que lo escribió, "Con un pie en la erudición, otro en la magia, o más exactaments y sin metáfora, sobre esa magia simpática que consiste en transportarse mentalmente al interior de otro", y más adelante, "Me di cuenta muy pronto de que estaba escribiendo la vida de un gran hombre. Por tanto, más respaldo por la verdad, más cuidado y, en cuanto a mí, más silencio".
Comparto aquí las dos primeras páginas de esta gran, gran novela, --que tiene el agregado especial de haber sido traducida por el joven Julio Cortázar-- con el fin de llevar a que el eventual lector de las mismas se interese por esta exquisita escritora belga que, sin haber nacido en Francia, fue la primera mujer que, en 1980, ingresó a Academia Real Francesa. Finísima pensadora, sutil creadora con una obra rica y diversa que trabajó también el cuento y ensayo.
Querido Marco:
He ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes, que acaba de regresar a la Villa después de un largo viaje por Asia. El examen debía hacerse en ayunas; habíamos con venido encontrarnos en las primeras horas del día. Me tendí sobre el lecho luego de despojarme del manto y la túnica.. te evito detalles que te resultarían tan desagradables como a mí mismo, y la descripción del cuerpo de un hombre que envejece y se prepara a morir de una hodropesía del corazón. Digamos solamente que tosí, respiré y contuve el aliento conforme a las indicaciones de Hermógenes, alarmado a pesar suyo por el rápido progreso de la enfermedad, y pronto a descargar el peso de la culpa en el joven Iollas, que me atendió durante su ausencia. Es difícil seguir siendo emperador ante un médico, y también es difícil guardar la calidad de hombre. El ojo de Hermógenes sólo veía en mí un saco de humores, una triste amalgama de linfa y de sangre. Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo. Haya paz... Amo mi cuerpo; que me ha servido bien, y de todos modos no le escatimo los cuidados necesarios. Pero ya no cuento, como Hermógenes finge contar, con las virtudes maravillosas de las plantas y el dosaje exacto de las sales minerales que ha ido a buscar a Oriente. Este hombre, tan sutil sin embargo, abundó en vagas fórmulas de aliento, demasiado triviales para engañar a nadie. Sabe muy bien cuánto detesto esta clase de impostura, pero no en vano ha ejercido la medicina durante más de treinta años. Perdono a este buen servidor su esfuerzo por disimularme la muerte. Hermógenes es sabio, y tiene también la sabiduría de la prudencia, su probidad excede con mucho a la de un vulgar médico de palacio. Tendré la suerte de ser el mejor atendido de los enfermos. Pero nada puede exceder de los límites presentes; mis piernas hinchadas ya no me sostienen durante las largas ceremonias romanas; me sofoco; y tengo sesenta años.
No te llames sin embargo a engaños: aún no estoy tan débil como para ceder a las imaginaciones del miedo, casi tan absurdas como las de la esperanza, y sin duda mucho más penosas. De engañarme, preferiría el camino de la confianza; no perdería más por ello, y sufriría menos. Este término tan próximo no es necesariamente inmediato; todavía me recojo cada noche con la esperanza de llegar a la mañana. Dentro de los límites infranqueables de que hablaba, puedo defender mi posición palmo a palmo, y aún recobrar algunas pulgadas del terreno perdido. Pero de todos modos he llegado a la edad en que la vida, para cualquier hombre, es una derrota aceptada. Decir que mis días están contados no tiene sentido; así fue siempre; así es para todos. Pero la incertidumbre del lugar, de la hora y del modo, que nos impide distinguir con claridad ese fin hacia el cual avanzamos sin tregua, disminuye para mí a medida que la enfermedad mortal progresa. Cualquiera puede morir súbitamente, pero el enfermo sabe que dentro de diez años ya no vivirá. Mi margen de duda no abarca los años sino los meses. Mis probabilidades de acabar por obra de una puñalada en el corazón o una caída de caballo van disminuyendo cada vez más; la peste parece improbable; se diría que la lepra o el cáncer han quedado definitivamente atrás. Ya no corro el riesgo de caer en las fronteras, golpeado por un hacha caledonia. O atravesado por una flecha parta; las tempestades no supieron aprovechar las ocasiones que se le ofrecían, y el hechicero que me predijo que no moriría ahogado parece haber tenido razón. Moriré en Tíbur, en Roma, o a lo sumo en Nápoles, y una crisis de asfixia se encargará de la tarea. ¿Cuál de ellas me arrastrará, la décima o la centésima? Todo está en eso. Como el viajero que navega entre las islas del Archipiélago ve alzarse al anochecer la bruma luminosa y descubre poco a poco la línea de la costa, así empiezo a percibir del perfil de mi muerte.
NOTA. Tomado de "Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar.
Editorial Sudamericana. Buenos Aires, 1999.
sábado, 5 de noviembre de 2011
JOHN BERGER: prosa poética, lucidez y austeridad para una mirada con pasión y compasión para este viejo mundo que va.

JOHN BERGER no necesita presentación. Basta con decir que todo lo hace bien: novelista, poeta, dramaturgo, ensayista, guionista, pintor, fotógrafo, crítico de arte. Si me dieran a escoger a un hombre de letras de Gran Bretaña me quedaría con él: porque su obra me resulta --y junto a mí millones de personas que lo leemos y esperamos su próximo título-- imprescindible. Escribe con una prosa poética atravesada por la pasión por las cosas de los hombres y por la compasión por las carencias del mundo, carencias que son el resultado de un comportamiento sin misericordia en al menos tres dimensiones: hacia sí mismo, hacia el Otro, el prójimo, y hacia el mundo de lo creado, la Naturaleza.
Desde que me encontré con su maravilloso libro de ensayos "Cada vez que decimos adiós" (Ediciones de la Flor. Buenos Aires, 1997) lo continué leyendo y estoy siempre atento a cualquier nuevo texto suyo. Comparto aquí un ensayo breve y un poema, de este querible y necesario inglés llamado JOHN BERGER!!!
UNA CAMA (1)
(Para Christoph Hansli)
No hay cuerpo alguno acostado en esta cama de hotel, ni tampoco en la de al lado. En inglés, esta situación se puede condensar en un juego de palabras en un: "no body" (ningún cuerpo/cuerpo alguno) se convierte en "nobody" (nadie), de modo que la frase inglesa "On the hotel bed there is nobody" se podría leer como: "En la cama del hotel (no) está acostado nadie". Claro que no se puede preguntar algo como: ¿Y quién es nadie? O tal vez sí, pero no habrá ninguna respuesta, sólo el borboteo de las cañerías en la habitación contigua.
Nadie es nadie, y las dos camas están vacías. Ni siquiera tienen una arruga, un pliegue, una huella. No hay nadie.
Nadie es la persona amada, la tuya o la mía, y nadie son todas las parejas que en algún momento ocuparon esta habitación. Miles con el paso de los años. Están acostadas, insomnes. Hacen el amor. Están tendidas en las dos camas que han juntado. O estrechamente abrazadas en una de ellas. Al día siguiente regresaron a su casa o nunca volvieron a verse. Hicieron dinero o lo perdieron. Se abandonaron. Se ayudaron.
Nadie está aquí, y las camas están vacías en toda su anonimia. O también podría decir: están ocupadas por la ausencia, pero esto sugiere un sentimentalismo, un lamento, que no permitirían tus pinturas.
Y, sin embargo, por el simple hecho de haber vivido, cuando miramos tus cuadros, tus cuadros de tamaño natural, no podemos olvidar, porque tú no quieres que lo olvidemos, lo que prometen las camas. De todos los objetos fabricados por el hombre, las camas son los que más pometen. ¿Por eso tal vez son tan difíciles de pintar? Incluso en un humilde hotel de una estrella, con sábanas sintéticas, las camas prometen de la misma forma que promete la naturaleza.
Y la gama de promesas es gigantesca: modestas y voluptuosas, tímidas y extáticas, desde el pequeño alivio para el dolor al gran dolor de la felicidad, desde el descanso al eterno descanso.
No es de extrañar que en muchos hoteles haya esas tarjetas que se cuelgan por fuera en el picaporte y que dice: NO MOLESTAR.
Ni tampoco me extraña, Christoph, que cuando pintas estas habitaciones sin cambiar absolutamente nada, cuando las pintas siguiendo el ejemplo de Velázquez, las paredes pintadas o empapeladas parecen infinitas. ¿Infinitas como el cielo o como el mar? No. En absoluto. Infinitas como una promesa. Incluso la promesa más pequeña que pueda ofrecer una cama tiene algo de infinito... Dormir.
Dormir. Tú estás despierto, pintando, pero nosotros, acunados y medio dormidos, susurramos irresponsablemente, imprudentemente, a la ausencia. Acércate, amor mío, estoy aquí. Y se lo susurramos a nadie.
Uno de tus cuadros representa este susurro. La imagen representada es una cama deshecha, el edredón revuelto encima. Detrás, la pared infinita. Las sábanas, los cortinajes y tapices han estado presentes durante siglos en el arte europeo. Danae se reclina en ellos. El cuerpo de Cristo yace sobre ellos. Reciben al maravilloso cuerpo que los moldea. Pero aquí sólo hay vestigios, sólo ausencia.
Yo estuve allí. Y ahora también me he ido. No hay nadie.
PAÑUELO
Por la mañana
doblado con sus flores silvestres
lavado y planchado
apenas ocupa espacio en el cajón.
Ella lo agita en el aire
y se lo ata a la cabeza.
Por la noche se lo quita
y lo deja caer
sin desatar en el suelo.
En un pañuelo de algodón
entre las flores estampadas
un día laborable
ha escrito su sueño.
NOTA: (1) De "EL TAMAÑO DE UNA BOLSA", de JOHN BERGER.
Taurus. Buenos Aires, 2004.
NOTA: (2) De "PÁGINAS DE LA HERIDA", de JOHN BERGER.
Colección Visor de Poesía.
sábado, 29 de octubre de 2011
Clarice Lispector (Ucrania, 1925 - 1977). Impresiones de un momento para recuerdos que perduran y enhebran sentidos.

Me encontré con CLARICE LISPECTOR al leer un relato suyo en PURO CUENTO (Nº 24 Sept./Oct. 1990) la deliciosa y completísima revista bimestral que fundara y dirigiera MEMPO GIARDINELLI --por la riqueza, en cantidad, calidad y variedad, de su contenido y objetivos digo que fue una felicísima experiencia estética para los lectores de cuentos; y (perdón) puedo presumir de tener, casi, todos sus números--. Ese primer encuentro sería el primer paso de un interés que se mantuvo y que me llevó a buscar sus novelas en nuestra lengua y hallé las ediciones de Siruela que, por su elevado precio, nunca pude comprar. Pasados más de una década pude acceder a otro costado de su obra (novelas y cuentos) por medios de su REVELACIÓN DE UN MUNDO, que conforman la reunión de las crónicas que escribió cada sábado de los siete años que van de 1967 a 1973 y que aparecían en el diario JORNAL DO BRASIL.
La crítica las clasifica como "Crónicas" pero sus columnas sabatinas son más que eso y esconden mucho más: para eso se requiere saber buscar en ellas, aunque la brevedad de la mayoría de ellas hace mucho más fácil la misma.
Recuerdos propios, recuerdos y voces de otros, incidentes menores, accidentes mayores, voceos, pasos, momentos, colores, olores: lo vivido, reciente, o lo pasado combinado con emociones y deseos y esperanzas: enhebradas con el tejido de las palabras.
En una entrevista (¿con Pablo Galende, en Canal A?) dijo HUGO MUJICA que lo que le gustaba de LISPECTOR era que "su palabra está viva"... ¿En qué reside esta escritura "viva"? El eventual lector --o el que quiera adentrarse en su obra-- tiene que encontrarse con esta escritora (nacida en Ucrania pero brasileña por que ella misma se reinvindicó así) que está considerada como una de las máximas voces en lengua portuguesa: encontrarse con ella y ver qué y cómo le llega su palabra.
Existen no pocas fotos del bello rostro de esta mujer pero entre todas elegí ésta para ilustrar esta nota porque así la imagino: escribiendo y con las ventanas abiertas de su casa, para airearla, y con la ventana abierta de su estudio, para que los ecos de sus conversaciones en las calles, en las ferias, en las plazas de esa gran ciudad, Río de Janeiro, donde creció, vivió y murió, le trajeran o le refrescaran otras, pasadas o recientes, reales o imaginadas. Porque le interesaba mucho conversar con gentes en las calles: esas conversaciones --buscadas como una necesidad personal y no como un medio-- le aportaban, muchas veces, la excusa para decir lo suyo.
Comparto algunas pocas crónica para acercar un poco a quienes no la conocen.
COMER, COMER (1968)
No sé cómo son las otras casas de familia. En mi casa todos hablan de comida. "¿Ese queso es tuyo"? "No, es de todos". "¿La papilla está buena?" "Está buenísima". "Mamá, pídele a la cocinera que haga un cóctel de camarones, yo le enseño". "¿Cómo sabes?" "Lo comí y lo aprendí por el sabor". "Hoy quiero comer solamente sopa de arvejas y sardinas". "Esa carne está demasiada salada". "No tengo hambre, pero si compras pimienta yo como". "No, mamá, ir a comer aun restaurante sale muy caro y yo prefiero comida casera". "¿Qué hay de comer en la cena?"
No, mi casa no es metafísica. Nadie está gordo aquí, pero no se perdona una comida mal preparada. En cuanto a mí, abro y cierro mi cartera para sacar dinero para compras. "Voy a cenar afuera, mamá, pero guárdame un poco de cena". Y en cuanto a mí, me parece bien que en un hogar se mantenga encendido el fuego para lo que venga. Una casa de familiaes es aquélla donde, además de mantenerse el fuego sagrado del amor bien encendido, se mantienen las ollas sobre el fuego. El hecho es que sencillamente nos gusta comer. Y con orgullo soy la madre de esta casa de comidas. Además de comer conversamos mucho sobre lo que sucede en Brasil y en el mundo, conversamos sobre qué ropa es adecuada para determinadas ocasiones. Somos un hogar.
¿INTELECTUAL? NO (1968)
Otra cosa que no parecen comprender los otros es cuando dicen que soy una intelectual y yo digo que no lo soy. De nuevo, no se trata de modestia y sí de una realidad que ni de lejos me hiere. Ser intelectual es usar sobre todo la inteligencia, lo que no hago: lo que uso es la intuición, el instinto. Ser intelectual es también tener cultura, y yo soy tan mala lectora que, ahora ya sin pudor, digo que no tengo realmente cultura. Ni siquiera leí las obras importantes de la humanidad. Además de leer poco: sólo leí mucho, y leía ávidamente lo que me cayera en las manos, entre los trece y quince años de edad. Después pasé a leer esporádicamente, sin orientación de nadie. Esto para no confesar --y esto lo digo con algo de verguenza-- que durante años sólo leía novelas policiales. Hoy en día, a pesar de tener mucho muchas veces pereza para escribir, llego de vez en cuando a tener más pereza para leer que para escribir.
Literarta tampoco soy porque no hice del hecho de escribir libros "una profesión" ni una "carrera". Los escribí recién cuando espontáneamente me surgieron, y sólo cuando realmente quise. ¿Soy una aficionada?
¿Qué soy entonces? Soy una persona que tiene un corazón que a veces se da cuenta, soy una persona que quiso poner en palabras un mundo ininteligible y un mundo impalpable. Sobre todo una persona cuyo corazón late de levísima alegría cuando logra en una frase decir algo sobre la vida humana o animal.
ESPERA IMPACIENTE (1969)
Lo que llamo muerte me atrae tanto que sólo puedo calificar como valeroso el modo como, por solidaridad con los otros, yo todavía me aferro a lo que llamo vida. Sería profundamente amoral no esperar, como los otros esperan, por la hora, sería demasiada astucia de mi parte avanzar en el tiempo, e imperdonable ser más lista que los otros. Por eso, a pesar de la intensa curiosidad, espero.
EL LIBRO DESCONOCIDO (1969)
Estoy buscando un libro para leer. Es un libro muy especial. Yo lo imagino como a un rostro sin rasgos. No sé su nombre ni el de su autor. Quién sabe, a veces creo que estoy buscando un libro que yo misma escribiría. No sé. Pero me hago tantas fantasías con respecto a ese libro desconocido y ya tan profundamente amado. Una de las fantasías es ésta: yo lo estaría leyendo y de pronto, a una frase leída, con lágrimas en los ojos diría en un éxtasis de dolor y de final liberacion: "¡Pero es que yo no sabía que se puede todo, mi Dios!"
JAZMÍN (1973)
Después volveré al mar, siempre vuelvo. Pero hablé de perfume. Me acordé del jazmín. El jazmín pertenece a la noche. Y me mata lentamente. Lucho en contra, y desisto porque siento que el perfume es más fuerte que yo, y muero. Al despertar, soy una iniciada.
NOTA: Tomado de REVELACIÓN DE UN MUNDO, de CLARICE LISPECTOR.
Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, 2004.
sábado, 15 de octubre de 2011
Oliverio Girondo (Buenos Aires, 1891-1967) el "antilúdico". Tres poemas.

Hace ya muchos años que escucho hablar de la poesía "ludica" de "Oliverio"... Lo cual, claro, no está mal pero que peca de privilegiar esa parte de la profunda obra de un Poeta profundo. Yo prefiero al Poeta no parcializado, (no "desmerecido"), al Poeta todo: me quedo con Oliverio Girondo!
Es cierto que le gustaba inventar palabras, deformarlas, hacerlas otras en nuevos sentidos poéticos. Pero la obra de un poeta consta de períodos, de humores, de reconsideraciones, de experimentaciones varias, de marchas y contramarchas en el camino de su "estilo" --simpre buscado-- o de su voz, no siempre asequible: el lenguaje de la Poesía en la escritura, en el hacerse.
Estos tres poemas que denuncian, interrogan, apelan, son el gráfico de un descenso. Como todo creador, que se asume hijo de su tiempo, Girondo da cuenta del "malestar" de su época. Tal el estado de lo humano me evoca a "Memorias del subsuelo", del gran Dostoievski.
Porque lo lúdico sólo era una pequeña parte en la obra de este gran Poeta argentino.
EXPIACIÓN, (de Embelecos).
Allí,
bajo la tierra,
más lejos que los ruidos,
que el polvo,
que las tumbas;
más allá del azufre,
del agua,
de las piedras;
allí,
en lo convulso,
donde todo se parte,
donde todo se funde,
en ígneo cataclismo,
en calcinante escoria,
en bullente derrumbe,
en mineral catástrofe;
allí, allí,
en cráteres
inestables,
voraces,
en fétidos apriscos,
en valles torturados:
allí,
en lo caótico;
sumido,
amalgamado
en una pasta informe,
viscosa,
putrefacta;
las lenguas carcomidas por vocablos hipócritas,
los pulmones que criban anhelos de serpiente,
las esponjosas manos embebidas de usura,
las visceras heladas de batracios humanos,
los sexos que trafican disfrazados de arcángeles,
las vértebras roídas por rencores insomnes,
todo, todo
hacinado,
revuelto,
confundido,
en un turbio amasijo
de infección
y de pústulas;
adentro del estruendo,
hundido en el abismo,
en una pira enorme
de expiación,
de exterminio.
Allí,
en lo profundo,
debajo de la tierra.
·············
INVITACIÓN AL VÓMITO, (de Persuasión de los días).
Cúbrete el rostro
y llora.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
largos trozos de vidrio,
amargos alfileres,
turbios gritos de espanto,
vocablos carcomidos;
sobre este purulento desborde de inocencia,
ante esta nauseabunda iniquidad sin cauce,
y esta castrada y fétida sumisión cultivada
en flatulentos caldos de terror y de ayuno.
Cúbrete el rostro
y llora...
pero no te contengas.
Vomita.
¡Sí!
Vomita,
antes esta paranoica estupidez macabra,
sobre este delirante cretinismo estentóreo
y esta senil orgía de egoísmo prostático:
lacios coágulos de asco,
macerada impotencia,
rancios jugos de hastío,
trozos de amarga espera...
horas entrecortadas por relinchos de angustia.
·············
DERRUMBE, (de Nocturnos).
Me derrumbé,
caía
entre astillas y huesos,
entre llantos de arena
y aguaceros de vidrio,
cuando oí
que gritaban:
"¡Abajo!"
"¡Más abajo!"
y seguía cayendo,
dando vueltas
y vueltas,
entre ásperas cenizas
y gritos mutilados,
"¡Abajo!"
"¡Más abajo!"
en espiral,
rodando,
envuelto en lo derruido,
en turbios remolinos
de trozos y fragmentos,
de esquirlas,
de gemidos,
"¡Abajo!"
"¡Más abajo!"
entre escombros y ruinas
ululantes,
informes,
a través de la asfixia,
del horror, del misterio,
más allá del aliento,
de la luz,
del recuerdo.
·············
NOTA 1: Tomado de "Obras" de Oliverio Girondo.
Editorial Losada. Buenos Aires, 1991 (Tercera edición).
NOTA 2: El dibujo que ilustra esta página pertenece al mismo Girondo y es tapa de la obra aquí citada.
sábado, 8 de octubre de 2011
CINCO HAIKUS MÍOS, de hijos, padres, lluvias, adioses y pájaros.

Llueve. Se nos inunda el valle.
Una niña escribe una carta.
Qué un pájaro se la lleve.
Y el viento empuje las aguas.
·············
Llueve. Un pájaro me trae un carta.
Todo se inunda tras las montañas.
Miro hacia allí y aseguro los leños.
Mis niños duermen.
·············
La inundación me dejó sola.
Un hijo en el valle. El otro en las montañas.
Sueño. El agua cede. Pero ellos no vuelven.
·············
El agua se llevó todo.
Hasta mis hijos se fueron.
Los extraño en silencio.
Ya no me llaman padre.
·············
La lluvia preña la naturaleza.
Decía la madre de mi madre.
El mundo se ha movido.
Fui niña. escribí una carta.
Un pájaro se la llevó. Llueve.
Rafael Sturla. San Telmo. Distrito Federal. Octubre del 2011.
viernes, 30 de septiembre de 2011
Emily Dickinson: ¿"En dónde está el lugar llamado mañana"? Tres poemas.

¿Habrá realmente un mañana?
¿Habrá una cosa semejante al día?
¿Podría verlo desde las montañas
si yo fuese tan alta como ellas?
¿Tiene pies las Ninfeas?
¿Tiene plumas como un pájaro?
¿Lo traen de países célebres
de los que nunca oí hablar?
¡Erudito! ¡Marinero!
¡Hombre sabio del cielo!
¡Por favor vengan a decir a un pequeño peregrino
en dónde está el lugar llamado mañana!
c. 1859
Yo era lo más insignificante de la casa
--tomé el cuarto más chico--
a la noche mi pequeña linterna, un libro
y un geranio.
Así apostada podía recoger la menta
que nunca dejó de caer
--y mi canasta--
dejadme pensar
estoy segura que esto fue todo.
Nunca hablé --a menos que me hablaran--
luego todo fue breve y mudo
--no podía vivir-- en alta voz,
me avergonzaba el bullicio.
Y si no hubiera sido tan lejos
--si alguien que conozco se hubiera ido--
con frecuencia pensaba que desapercibida
--podía morir--
c.1862
Mi vida murió dos veces antes de morir
y aún queda por ver
si la inmortalidad revela
un tercer evento para mí
tan inmenso, tan desesperanzado de concebir
como éstos que dos veces acontecieron.
Partir es todo lo que necesitamos del cielo,
y todo lo que necesitamos del infierno.
c. 1883 ¿?
NOTA. Tomado de POEMAS, de Emily Dickinson.
Selección y traducción de Silvina Ocampo. Prólogo de Jorge Luis Borges.
Tusquets Editores. Buenos Aires, 1985. Colección Marginales.
sábado, 24 de septiembre de 2011
CINCO HAIKUS MÍOS, de padres, cacerías, trampas, soledades y estrellas.

Mi padre cazaba animales y los cocinaba.
Me quedan esos sabores.
Y el sinsabor del abrazo que nunca me dio.
···········
Mi padre trabajaba con el hacha.
Talaba por necesidad y para distraerse.
Tanto se distrajo y se nos anegó el valle.
···········
Mi padre salía a cazar mujeres.
Yo me quedaba inventando compañías.
Una noche no volvió y no supe cómo salir de esta trampera.
···········
Mi padre cazaba animales y mujeres. Y talaba árboles.
Yo era pequeño, crecía y me hacía más débil.
Lo esperaba, inmóvil, y miraba las estrellas.
···········
No salgo a cazar ciervos.
Huyo de vientos grises.
Quisiera tener la piel más dura.
···········
Rafael Sturla. San Telmo. Distrito Federal. Septiembre del 2011.
sábado, 17 de septiembre de 2011
OLGA OROZCO: "Les jeux sont faits (Las obras se hacen)".

LES JEUX SONT FAITS
(De Con esta boca en este mundo, 1994)
¡Tanto esplendor en este día!
¡Tanto esplendor inútil, vacío, traicionado!
¿Y quién te dijo acaso que vendrían por ti
días dorados en años venideros?
Días que dicen sí, como luces que zumban,
como lluvias sagradas.
¿Acaso bajó el ángel a prometerte un venturoso exilio?
Tal vez hasta pensaste que las aguas lavaban los guijarros
para que murmuraran tu nombre por las playas,
que a tu paso florecerían porque sí las retamas
y las frases ardientes velarían insomnes en tu honor.
Nada me atrae el día.
No hay nada que me aguarde más allá del final de la alameda.
El tiempo se hizo muro y no puedo volver.
Aunque ahora supiera dónde perdí las llaves y confundí las puertas
o si fui solamente que me distrajo el vuelo de algún pájaro,
por un instante, apenas, y tal vez ni siquiera,
no puedo reclamar entre los muertos.
Todo lo que recuerda mi boca fue borrado de la memoria de otra boca;
se alojó en nuestro abrazo la ceniza, se nos precipitó la lejanía,
y soy como la sobreviviente pompeyana
separada por siglos del amante sepultado en la piedra.
Y de pronto este día que fulgura
como un negro telón partido por un tajo, desde ayer, desde nunca.
¡Tanto esplendor y tanto desamparo!
Sé que la luz delata los territorios de la sombra y vigila en suspenso,
y que la oscuridad exalta el fuego y se arrodilla en los rincones.
Pero, ¿cuál de las dos labra el legítimo derecho de la trama?
Ah, no se trata de triunfo, de aceptación ni de sometimiento.
Yo me pregunto entonces:
más tarde o más temprano, mirado desde arriba,
¿cuál es el recuento final, el verdadero, intocable destino?
¿El que quise y no fue?, ¿el que no quise y fue?
Madre, madre,
vuelve a erigir la casa y bordemos la historia.
Vuelve a contar mi vida.
Oo-----o---o-o---o-----oO
Tomado de, RELÁMAPAGO DE LO INVISIBLE (Antología), de OLGA OROZCO.
Fondo de Cultura Económica de Argentina. Buenos Aires, 1997.
sábado, 10 de septiembre de 2011
LEÓN ROZITCHNER: Un largo, necesario y doloroso poema que busca decirse.

A una semana del adiós del Filósofo comparto este extenso poema: para que el mismo hable a quien lo quiera oír y para ser escogido por el don de serlo. Que no piense, quien lo lea en toda su extensión, que lo que se cuenta queda en la vida privada de tres personas porque los dolores que los tocan --que les tocaron vivir-- fue tal vez la más triste, dolorosa y avergonzante página de todas las aberraciones cometidas durante la Dictadura de los GENOCIDAS, liderados por videla, agosti, massera (sí, en minúsculas) y compañía: ¿quién de nosotros --los que interrogamos esa barbárie vernácula, cada uno a su modo y con sus limitaciones y posibilidades-- olvida los "vuelos de la muerte"?
(Dos veces aparece el término Kadish: es la Oración que pronuncian los judíos --los judíos creyentes, claro...-- en homenaje a personas que amaron con una intensidad excepcional).
DEDICATORIA FINAL
Creo que me duele mucho y por eso no puedo.
Tengo que ir a buscar a mano mis recuerdos
más allá de la pantalla y del teclado,
horadar con mi mano labradora
abriendo un hueco en la tierra de mi cuerpo y mi pasado
para encontrar ese fruto escondido y temido en tu cara/judía
lejos de una patria que no dejaste nunca.
Me duele ese pasado y por eso no podía escribirte.
Hay cosas que nos unen pero no podían ser dichas.
Abro mi computadora donde leo: "Carta a León Sigal",
17 de abril de 1996, pero no hay nada escrito.
Fue despuésde verte en París que quise hacerlo.
No la escribí nunca.
Está vacío, sólo el ancho espacio en blanco.
Debo escribirla ahora para decirte algo,
de tu pasado pluscuamperfecto a mi futuro imperfecto.
Me atrevo quizás porque estás muerto.
Debo soportar entonces ver de nuevo
lo que más nos unió y nos separaba,
la mujer cuyo amor compartimos
y que se sumergió en el mar,
arrojada viva
desde un avión de la Marina.
Y allí debo ir a buscarte para encontrarte de nuevo.
aparecés junto a ella al evocarte
y por eso creo qu no puedo.
Encontraría su muerte al evocar la tuya.
Yo la quería y te quería.
Lloro por vos
lloro por ella
lloro por mí,
desaparecidos dispersos por el mundo.
Lloró también tu corazon
que se quebró en Francia de dolores escondidos,
quizás como al mío lo cerró un espasmo doloroso
en la esquina de Saint Germain y Saint Jacques,
donde los encontré de pronto una tarde juntos.
Éramos muchos santos juntos.
Lloro por tu corazón que sangraba como el mío
y que no pudimos nunca hablar de ella,
¿qué podíamos decirnos si callábamos tanto?
Yo escribí "Ser judío"
pero sólo vos lo eras.
Tu cara traía guiños y arrugas del pasado
engranados como los relojes que tu padre arregalaba,
en la mirada perdedora y triste de tus ojos claros
mientras disimulabas una lánguida cojera.
Desde ella un niño callado sabiamente espiando nos/sobraba
desde el fondo de tu historia que me era
y me seguirá siendo obscura.
Me pregunto por vos para evocarte
y sólo me responde un "Soy el que soy",
con el que Dios se anuncia en la Biblia judía.
Al pronunciar tu nombre me sorprendo,
se confunde el tuyo con el mío.
León por León
me resuena tu presencia ida
como si del otro lado yo siguiera vivo
mientras me miro muerto en el León que se ha ido.
En algún lugar oscuro somos los dos uno,
León por León,
León por Diana
en ella confundidos.
Sos el que fuiste,
es cierto,
pero elle me confunde
nos confunde
mezclados y separados
por la distancia abierta
de ambas muertes
como si sólo esperara que la mía llegue
para cerrar esta trinidad vaciada.
Nuestro destino fugaz
por un instante
nos unió para siempre
en lo absoluto
sin quererlo,
porque ambos la quisimos.
Diana Guerrero.
Arrojada desde el aire por ese avión de la Armada /Argentina
habrá volado por los cielos como un ángel de seda,
habrá desafiado espléndida al destino siniestro con sus
/alas,
habrá vencido al horror con sus ojos verdes todavía
/abiertos
mientras las ráfagas del viento la arrastraban,
atraída por el mar, rozando con su rostro el fondo de la
/arena,
absorta ante la muerte,
devorada por la muerte,
como lo estoy hoy
al evocar la de ella con la tuya.
Como quizás ambos la evocábamos en silencio
cuando nos veíamos
sin decirnos nada.
Yo diho hoy Kadish en tu tumba llena,
y también en su tumba de agua, líquida y vacía.
Por eso no te escribí antes
por eso quizás no escribo una novela
ni hago versos
porque no sé qué hacer con los recuerdos
de mis padres y de mis amigos muertos.
No sé qué hacer
cuando una muerte
como la tuya
abre la mía
y siento como si hoy fuera
el último día de la vida.
Soy un sobreviviente moribundo
que quiere vencer la muerte con más vida
y rememoro en este instante final
la vida entera,
lo más bello de ella
que lo contiene todo.
Los trozos escogidos más bellos de la vida.
Polvo enamorado sólo fuimos antes,
que se lleva el viento o el mar, como se la llevó a ella,
pececito de colores y hermosa cabellera ondeando en lo
/profundo
del mar de nuestra vida.
Soy quien por tu muerte vuelvo a encontrarla
al encontrarte,
nos estamos yendo juntos,
cada uno por su lado,
uno por uno,
como se va la gente,
unidos para siempre
en el silencio de la nada,
que está plena y vacía
como el Ser de Hegel
que pensábamos los tres
cuando creíamos en la filosofía.
Y hoy León, como quizás vos lo dijiste en lengua
/hebrea,
te digo al evocarte
lo que no pude decirte cuando te veía.
Cada uno dice y también se dice su propio Kadish
/como puede.
Como si fuera el último día de la vida.
NOTA: Tomado de "El terror y la gracia", de León Rozitchner.
Grupo Editorial Norma. Buenos Aires, 2003.
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